domingo, 11 de octubre de 2009

NOCHE 22 - LA INSPIRACIÓN ES ENTELEQUIA (SEGUNDA PARTE).

Me encantaba utilizar el Soy director de cine ante una teibolera. Entre tanto burócrata, ejecutivo, abogado, estudiante de carreras más convencionales…y uno que otro narcotraficante; el que conocieran fugazmente a una persona que pertenece a un círculo ignoto, entre lo artístico y lo intelectual, era infalible para atraer su atención sirviendo cómo preludio de una conversación. Con tal introducción adventicia, trastocaba el protocolo con el que tratan a todos los que conocen; había mucho escepticismo representado en la observación “Pero estás muy chavo ¿no?”; pero también mucha curiosidad; sintomáticamente empezaban las preguntas: “¿Qué tipo de películas haces?” o “¿Se estudia para hacerlo?”; ya muy clavadas, interrogaban “¿Cómo se hace un guión?” o “¿Cómo consigues el dinero para hacerlas?”; y claro, como estudié una carrera, consideraban que automáticamente sabía absolutamente TODAS las respuestas y que estaba autorizado para dar opiniones especializadas, por lo que no era raro el “¿Qué piensas de Guillermo del Toro? Es muy talentoso ¿no?” / “Fíjate que mis películas favoritas son Voces Inocentes y Fuera del Cielo...de seguro para ti son unas mamadas, pero a mí me gustaron / ¿Cómo se llama el actor de Casablanca?/ y la reina de las preguntas: “¿Te gustan los documentales? ¿Y por qué no haces un documental acerca de niños de la calle? Es un buen tema y además nadie habla de los niños de la calle. ¿Te imaginas si los políticos en vez de gastar millones en campañas, dieran ese dinero para comida, una cobija…unos zapatos?…pero a nadie les importa los niños de la calle…” (¿Qué demonios les sucede con esa fijación con los niños de la calle, eh?).


Ante esta avalancha de cuestionamientos, solía “bluffear” un poco al respecto: hablaba de festivales internacionales, adoptaba mi fase de crítico exquisito y me regodeaba arbitrariamente en términos como “jump cut”, “widescreen” o “steady cam”, muchas veces sin ni siquiera explicar a ciencia cierta de qué se trataban, para mantener el misterio al asunto; aunque sabiendo mis límites. O sea, no presumía de llevarme de pellizco y nalgada con Gael García Bernal y Diego Luna, por qué además de arrogante, hubiera sonado inverosímil. Es lo bueno de presumir acerca de un tema que dominas, siempre sonará convincente lo que digas y sabrás hasta dónde puedes llegar. Algunas se mostraban atraídas y entusiasmadas (sí, sí, entre la atracción del “personaje” y el entusiasmo de la “persona”). Otras sólo me seguían la corriente: ni pleitesía ni reverencia. Eso sí, lo que sigo sin comprender es por qué cuándo terminaba de pronunciar “director de cine”, todas se aventaban el mismo “Ya sabes, si necesitas una actriz aquí estoy yo”. Y Martell no fue la excepción. 


 Por lo general, yo hubiera tomado esto último como el “gag” sangrón que es; pero en ésta ocasión en particular, impulsiva e instintivamente aprovechaba para insinuarle que quizá no necesitaba a una actriz… pero sí algo muy parecido. No tenía nada que perder. Además no podía quedarme estancado con la decepción provocada por Brittany la cuál simplemente había desaparecido. Martell se intrigó. Por primera vez conocía a una persona que ante mi propuesta no se sentía asediada y en su lugar entendía con facilidad mis intenciones sin darle muchas explicaciones de por medio; opinaba, criticaba y me presumía que tenía una historia personal por la que seguramente yo moriría. Por lo tanto, la llegada de una “Starlet” (con un aire de “Diva”) cómo Martell era tan refrescante cómo un hielo en una cuba.


Martell era en realidad ROSARIO, una joven oaxaqueña de tez morena muy clara, con un peinado “bob” para su cabello negro y la cuál podía presumir de piernón loco, que llevaba 10 años en el negocio, desde que la dueña del antro dónde trabajaba de mesera en su tierra natal, decidió clandestinamente reclutarla y meterla de bailarina para así jalar más banda (sí, la tendencia “lolita”, nunca pasará de moda). Precisamente la popularidad adquirida bajo el nombre de MARÍA, siendo no sólo la novedad del lugar sino la máxima atracción del mismo; la catapultó para poder salirse de ahí, y ya enrachada quiso seguir probando suerte en locales de la zona. En una década, Martell recorrió toda Oaxaca, y de ahí expandió sus horizontes, pasando cortas o largas temporadas en lugares cómo Cancún, Acapulco, Tlaxcala, Querétaro o Puebla; se casó, tuvo dos hijos, hasta llegar finalmente a la Ciudad de México. A esa altura del trayecto, Martell era ya una veterana, por lo que se dio el lujo de trabajar en clubs exclusivos cómo los ahora ya legendarios CALIGULA y TITANIUM. En La Tentación llevaba apenas un par de semanas, teniendo 26 años de edad. Su andar errante durante todos esos años, ejemplifica a la perfección la regla #8:


- “LAS PERSONAS QUE TRABAJAN EN EL NEGOCIO DEL TABLE DANCE, POR NATURALEZA SON NOMADAS”. La inestabilidad del ambiente orilla a sus protagonistas a estancias demasiado cortas en cualquier lugar en dónde se instalen: raquítica clientela; la competencia brutal enfrentando artimañas varias empleadas por el resto de las compañeras para retener a los pocos hombres que se encuentran desperdigados en el salón; diferencias con el dueño o capitanes (sobre todo por qué las mismas lagunas jurídicas y legales que hacen que sea –relativamente– sencillo entrar a trabajar en éste peculiar entorno –o sea, no hay un contrato de por medio–; permiten por ende que no existan cómo tal, derechos laborales que valgan); rivalidad con alguna (o varias) compañera(s); inseguridad cuándo el lugar es frecuentado por narcotraficantes; la clausura del establecimiento; la inadaptación al entorno; ser suspendida por estar implicada en una discusión o pelea con alguna compañera o un cliente; recibir mejores ofertas realizadas por el mismo dueño o el representante (cuándo se cuenta con uno); atentados contra su integridad cuándo el recinto se caracteriza por su sordidez, promiscuidad y mala vibra desde que se entra; accidentes que las dejan semanas o hasta meses fuera de circulación; dificultad para trasladarse de su casa al lugar de trabajo (practicamente todas ellas viven en el Estado de México, sus periferias o en zonas conurbadas); asuntos personales; el criterio del dueño que las puede llevar de ser “chica de variedad” en un lugar a “chica de piso” en otro; la incompatibilidad con sus necesidades (he aquí la regla #16: “EN EL TABLE DANCE, EL SUELDO ES LO MÁS VOLATIL DEL MUNDO MUNDIAL”. Aunque los sueldos evidentemente varían de un antro a otro, sobre todo, por su “categoría”; tampoco son estúpidamente desproporcionados. Así que por ejemplo, en “teoría”, una chica puede al día ganar de sueldo base $400 –aún no habiendo logrado en toda la jornada, que alguien le invite al menos una bebida–; $60 por copa –la cual al cliente le cuesta aproximadamente $200–; 50% de un ticket table realizado –considerando que la “casa” no invierte algo– y si la suerte y/o el carisma es suficiente, eventualmente podrá recibir alguna propina por su compañía…todo es relativamente sencillo –de nuevo–; lo único malo es que sólo es eso: una “teoría”. Aquí es dónde inicia la cruda realidad generada por los lineamientos del antro en cuestión: si la chica no es de las primeras 15 en llegar, automáticamente deberá de buscar su “medio sueldo” consiguiendo 5 copas –o sea, esas primeras 5 copas a obtener no contaran cómo tal, sino como “medio sueldo” con el riesgo de quedarse en ceros esa noche si no se llega a la tarifa, por mucho que haya peleado a muerte por lograrlo. Ésta misma “multa” se aplica si la chica llega a faltar uno o más días. Sobra decir que si en ambos casos, se gana más de 5 copas, se puede considerar como un afortunado extra–. Si se “viola” alguno de los requisitos tácitos determinados del local –no cumplir el desnudo completo en sus presentaciones, tardarse en vestidores, usar el celular en el salón, ser sorprendida por algún capitán, poco activa, etc. etc. etc.– el mismo “castigo” a cumplir, será seguro o se podrá llegar al extremo de ser degradada siendo transferida un par de días a alguno de los locales de menor nivel que maneja el dueño –tomando en cuenta que según la regla #19 “EL CONTROL DEL MUNDILLO DEL TABLE DANCE ES (PRACTICAMENTE) MONOPÓLICO”–. Ahora bien, conseguir el sueldo puede llegar a cuotas fatalistas: existen antros dónde el sueldo se maneja por medio de un “tabulador”, o sea, deberán obtener un determinado número de “fichas" según el día de la semana para así acceder a su pago; si no, la amenaza del “medio sueldo” o de quedarse sin nada, se repite. En cualquier table dance, las chicas están obligadas a destinar diariamente $20 al DJ –ponga o no, las canciones con las que llevarán a cabo sus presentaciones–; $20 para que le cuiden sus pertenencias en camerino; $20 para la comida, $20 para el servicio del baño y $50 para el taxi…vamos, si una chica sólo alcanzó a cobrar $200, al final de la noche se habrá quedado realmente con la fabulosa cantidad de…¡$70!).


A ésta lista de avatares, las extranjeras deben de sumarle la zozobra por las redadas; así cómo los manejos y decisiones de sus padrotes-representantes-promotores-contratantes-“dealers”, cuándo éstas se encuentran sumergidas dentro de redes de tráfico de personas; situación que es la más común; recordando que ellas llegan aquí engañadas (1) con promesas de estabilidad económica, condición de vida aceptable y trabajo fácil (2); terminando ingresando irremediablemente en el trinomio a las que están condenadas todas las mujeres que llegan por esta vía: edecán/modelo-scort-teibolera –algunas inclusive pasando en momentos diferentes por las tres fases o algunas otras combinándolas–. Si éste es el caso, las decisiones tomadas mucho dependerán del físico y la popularidad –o falta de ésta– de la persona, haciendo honor al principio oferta/demanda y al termino “variedad” (3) que pregonan estos clubs.


Éstas inconsistencias desde luego también afectan al resto de involucrados en el negocio: meseros, boleteras, DJ’s, barmans, elementos de seguridad, valet parking, cajeros, hostess, promotores (la pandilla que reparte tarjetas con promociones y que tratará de convencer y meter a la mayor cantidad de pelados posibles, así sea arrastrándolos prometiéndoles hasta lo inexistente), garroteros, taxistas de casa y hasta a las famosísimas “Mamis” (esas señoras que sirven como nanas de todas las teiboleras; guardándoles su ropa y pertenencias, haciéndoles de comer, cuidándolas cuándo ya andan hasta el culo y en algunos lugares, ayudándolas cuándo hacen su desnudo en su presentación, recogiéndoles la ropa de la que van despojándose y recibiéndolas con una toalla cuándo bajan semi o totalmente desnudas del escenario); todos unidos por irrisorios dividendos (prácticamente siempre basado en infames comisiones –una boletera recibe por un ticket table vendido entre $180 y $250, sólo ¡¡$10!!; un promotor debe de cubrir según el día de la semana 5 u 8 mesas mínimo para poder ganar $100; si no logra llenar dicha cuota de nada le habrá servido haber trabajado 12 horas: no recibirá su pago…– y milagrosas propinas); eso sin contar a la banda periférica (aquel que vende café o comida al personal del lugar; el tipo que ofrece rosas, chocolates, galletas o peluches para regalar a la “significant other” (efímera); la persona que te toma fotos polaroid…); por lo que esa diáspora también aplica a toda ésta gente. Por todo ello, no es raro ver al menos cinco caras nuevas cuándo se asiste al lugar de confianza. De hecho, no recuerdo haber conocido alguien que de perdida no me hubiera enumerado tres locales dónde trabajó previamente y me mencionara algunas de las situaciones descritas.


Martell me envolvió con su plática y sin quererlo, su relato no sólo condujo a éste mandamiento; sino a otras dos reglas sacrosantas:


Regla #5 - “EN EL TABLE DANCE, LA AMISTAD NO EXISTE”. En un mundillo dónde el canibalismo es religión y la tribulación económica es calvario; el individualismo no es opción: es obligación. Se puede dar la convivencia (con la conversación trivial en vestidores, baños o en pasillos en esas horas muertas dónde no se ha conseguido nada, mientras se toma una bebida de cortesía); o el compañerismo (coincidiendo en una mesa potencial, haciendo más llevadero el trance). Inclusive se pueden crear alianzas para buscar (y hasta compartir) clientes (sobre todo cuándo se rigen por el infame “tabulador”), ayudarse cuándo existe impertinencia, violencia y hostigamiento por parte de estos mismos; y cuidarse cuándo el alcohol ha hecho de las suyas con alguna de ellas. Empero, siempre pesará más el egocentrismo y el narcisismo; imperará la envidia y el celo y actuará la intriga y la hipocresía. Vamos, todas sacan lo peor que traen consigo y lo que les ha dejado estar ahí por varios meses. Así que, la palabra “amistad” ahí es tan artificial cómo unos senos bien operados. Además, retomando ¿cómo formar una amistad si cada determinada temporada se deja de ver y saber de las personas y su ritmo de vida les imposibilita mantener un contacto con estas?


Regla # 7 - “EN EL TABLE DANCE, LA RELACIÓN ENTRE MEXICANAS Y EXTRANJERAS ESTÁ CANCELADA”. Es un secreto a voces que el mercado fue coptado y acaparado por extranjeras. Las mafias nacionales e internacionales que trafican mujeres; cambiaron las reglas del juego; ellas marcaron las tendencias (las de Europa Oriental, rubias, altas y exageradamente delgadas con un look más cercano al de Sylvia Saint; las de Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, trigueñas y brutalmente voluptuosas); todos aspiraron a tener una foránea en su mesa y por supuesto, el chauvinismo y la xenofobia arraigada por parte del equipo nacional, no se hicieron esperar. Por qué no sólo es competir con seria desventaja contra físicos espectaculares (¿Qué importa si son naturales u operados? ¡Son espectaculares!), contra modelos de trabajo más atrevido (vestuarios o shows más provocativos que son la puta pesadilla de cualquier coterránea) o contra el malinchismo (aunque más bien se trata de sobrevaloración apantallapendejos… ¿Y Bárbara? ¿No que todas las venezolanas rifan y gobiernan? Bueno, bueno, sí, todas las venezolanas, incluyendo a Bárbara, llegaron para no dejar nada a su paso –son algo así cómo las nuevas argentinas en México… ¡Wow, no podría haberlo dicho mejor!– Sin embargo, inclusive ellas, son víctimas del hype); sino sobre todo hacerlo contra el divismo inherente en las extranjeras. Es un hecho que por muy agradables, accesibles, grandes conversadoras, excelentes compañeras o buenas personas que sean; todas (sí, todas) vienen con aires de conquista… fenómeno cultural, supongo.


Pero si una alianza (ya no se diga una amistad), entre una mexicana y una extranjera se antoja (casi) imposible; tampoco quiere decir que la relación entre inmigrantes sea mejor. Al vivir diariamente con la incertidumbre de la deportación y estar la mayoría metidas hasta el cuello en sendo negocio ilícito; siendo controladas, vigiladas y amenazadas (“Esclavas de Lujo” rezaba la portada de la revista “Proceso”; cuándo dedicó sus páginas centrales al tema (4)), cualquier información de su vida laboral y privada está prohibida. Existe además, una guerra feroz entre mujeres de diferentes países (y las redes que las contratan) por el dominio del negocio; por ejemplo las argentinas y las húngaras se odian a muerte, llegando inclusive a denunciar anónimamente acerca de la concentración de rivales en un determinado antro para su rápida expatriación por parte del Instituto Nacional de Migración (represalias del otro bando de por medio (5)). Ante todo ello ¿cuál solidaridad idílica entre indocumentadas?


Total, entre historias personales, complejos códigos de sobrevivencia y alcohol; Martell confirmaba su disposición para ser mi primer entrevistada dándome su teléfono y pidiéndome que le marcara en la tarde del día siguiente, para hablar con más calma. Todavía no podía cantar victoria, pero las cosas se estaban dando tan bien, que era imposible no entusiasmarme.


Y a todo esto ¿por qué Martell decidió nombrarse así? ¡Aaaaah, los nombres en los table dance! Psicológicamente, la razón de ser del sobrenombre está relacionada con la creación del alter – ego perfecto. No obstante, desde épocas inmemoriales, los nombres escénicos se han caracterizado por basarse en lo que considera sofisticado el imaginario colectivo, pero sólo han terminado siendo una oda al mal gusto. De hecho, aquí se podría apuntar la regla #14:


- “EL ORIGEN DE LOS (NUEVOS) NOMBRES DE LAS TEIBOLERAS NO TIENE NINGÚN HALO DE MISTICISMO”. Por más rutilantes que estos lleguen a ser, los segundos bautizos tienen una génesis más bien… chusca.


Existen las que según su ¿lógica? emplean una doble personalidad para no ser reconocidas por familiares y/o amigos (cómo si bastase llamarse Yamilet para pasar desapercibida).


Están aquellas que se ven forzadas en adoptar diariamente por unas cuantas horas un apelativo, simplemente por la (maldita) coincidencia de que en el lugar dónde trabajan ya existe una compañera con el mismo nombre (real o también inventado). Es común que éstas, pequen de mediocridad y dejen al dueño o al capitán decidir cómo serán presentadas por el DJ en sus shows y por quiénes los hombres solicitaran sus servicios.


Está la que, patológicamente, cambia su identidad porque piensa que oír su nombre real en medio de chiflidos, gritos prosaicos y las típicas presentaciones “finísimas” por parte del DJ como “… ¿Qué paso con esos aplausos? Recuerden, entre más aplausos, menos ropa”; mientras se escucha “Labios Compartidos” de Maná; es degradante. Es la que prefiere que sea Scarlett la que tenga que besar en la boca al tipo que, si las cosas salen según lo planeado, le terminará pagando 20 copas, la que aguante las exigencias de la gerencia (“¡Desnudo total chicas, desnudo total; si no sólo se les dará medio sueldo!”) o los caprichos del dueño y que le deban dinero; y no Blanca.


Están las que consideran que llamarse Andrea, Miriam o Nayeli; no tiene el impacto suficiente para llegar a ser interesantes ante la clientela. Son las que abusaron de Luna, Natasha o Rubí cómo alias; ignorando tanto el sentido de estos, así cómo de la sutileza para elegirlos. En teoría, el nombre es su carta de presentación y que para el futuro fácilmente todos lo recuerden, le suma puntos a la bailarina; pero sólo es un complemento, un ingrediente; éste no la hará más o menos atractiva, interesante o simpática. La decisión de tomar otro nombre debería tener cierta metodología mercadotecnica: descartar los en exceso rebuscados; o sea entre lo complicado de estos, el ruido en el lugar, el oír al menos otras cuatro presentaciones y el alcohol; NADIE, absolutamente NADIE, va a recordar un Esbailey o un Yunuen. Un lugar común evidentemente tiene menos posibilidades de provocar estupor. Uno sencillo contrario a lo que pudiera parecer, siempre será una buena opción para triunfar: es accesible, agradable y coloquial… vamos, al menos existirá un margen menor de que alguien se rompa la cabeza al día siguiente en tratar de recordar cómo se llama la nueva protagonista de sus sueños húmedos.


A éstas alturas, sobra decir, que las que conservan su nombre original, se cuentan con los dedos.


Martell cómo seudónimo, al menos tenía su gracia: cómo una suerte de mantra, ella se cambiaba de nombre cada vez que llegaba a un nuevo lugar, tomando cómo base su primer nombre artístico (María), distorsionándolo en cada estancia. Así, llegó a ser Mara, Marcela, Margarita, pasando por Marisol, Marlene, Martha…Quizá si alguna vez la vuelvo a ver, me enteraré que ahora es Marbella o Mallorca.


En fin. Una de la mañana. Momento de tomar el último sorbo a mi segunda cerveza, pedir la cuenta por esas dos cervezas y por cuatro vodkas invitados (¡$900 aproximadamente!), hora de partir a casa y… llegó Esmeralda.


Chicas llegaban a La Tentación y otras se iban. El lugar vivía cada semana un claroscuro: del frenesí al sopor. Y mientras tanto, Esmeralda parecía estar encriptada en el tiempo y espacio (o mejor dicho, en su propio tiempo y espacio) y seguía siendo la mujer desconectada totalmente de lo circundante arriba y abajo de la pista.


No sé si ese día se alinearon los planetas, pero mientras tomaba la primera de dos cervezas que le invité (¡Maldita la hora en que me empecé a compadecer de ella!); Esmeralda hablaba, a modo de desahogo, de la otra cara dentro del tema de la inmigración y su visión respecto a la condición que tiene como extranjera en el mercado (aunque claro, esto también pudo ser sólo mera casualidad). Así que, siguiendo con las lecciones esa noche y sintetizando todo lo anterior; sus palabras se podrían interpretar del siguiente modo: A pesar de que tanto mexicanas como extranjeras están hermanadas por el mismo contexto (el 99% son madres solteras, teniendo al 90% entre los 19 y los 27 años de edad; y de este grupo, el 75% con más de un hijo), el mismo motivo de estar dentro del negocio (en ese 99%, una aparatosa necesidad de obtener dinero de manera rápida) y la misma manera de obtenerlo (poner su integridad física y moral en juego todas las noches); las mexicanas odian a las extranjeras por usurpar (según ellas) su (autodeterminado) territorio; mientras que las extranjeras tienen un enconado sentimiento con las mexicanas, porque además de todos los avatares a los que están expuestas, deben de soportar la intransigencia de estas.


Dos de la mañana. Suficiente del besuqueo obsceno de Esmeralda. Sólo esperaba mi cambio después de haber pagado la cuenta (que aumento a ¡$1200 aproximadamente!) y mi ticket de salida. Aunque considerablemente lleno, ya no había gran cosa que ver en el lugar. Pensaba pasar todavía a cenar antes de llegar a mi casa y… (ahora) llegó Frida.


No me acuerdo bien cuándo ni por qué, surgió el “rolling gag” de deberle (eternamente) una copa (sólo y exclusivamente una copa) a Frida cada vez que me la topaba. El caso, es que con cada nueva copa, oía la maniáticamente repetitiva anécdota de su trabajo cómo si de cuya existencia dependiera la fugaz conversación; ese infecto chiste predecible que gritaba por ser contado para provocar alguna reacción encontrada y aquel chisme mal rollo acerca de compañeras (y conocidas mutuas), que antes de ser revelado ya estába en busca de complicidad (ignorando, que ella por su parte, también era la comidilla de esas mismas conocidas en común; porque como la regla #6 lo dicta: “EN EL MUNDILLO DEL TABLE DANCE, JODO, LUEGO EXISTO”. Así, pude saber por ejemplo, que Frida se operó los senos, pero –coincidiendo con sus compañeras chismosas– al parecer nadie le advirtió que después de someterse a una cirugía estética, se deben seguir rigurosamente ciertos cuidados, por lo que dicha cirugía deslucía atrozmente, al grado de que no era notorio su paso por el quirófano; siendo un muy buen parámetro, verla arriba del escenario en el cuál hacía sus presentaciones a ritmo de samba –al fin y al cabo brasileña–).


Pues bien, con la bendita copa de esa noche de revelaciones ancestrales, Frida con voz profética lanzaba en contra de prácticamente todas sus compañeras, un axioma que yo había escuchado con tal insistencia en tantas otras ocasiones que bien podía repetirlo en voz alta cual si de coro se tratara:


Regla #12 - “LA CO-EXISTENCIA Y CO-RELACIÓN DEL NARCOTRAFICO Y EL CONSUMO DE DROGAS EN EL MUNDILLO DEL TABLE DANCE, ES PER SE”. Es inevitable. El 90% de las chicas que trabajan en éste mundillo; son adictas a, llámese, cocaína, crack, heroína, anfetaminas, psicotrópicos varios y en menor medida marihuana.


Rutina de delirio si la hay, que origina que ellas se percaten que los estupefacientes y el alcohol son sus aliados, la música es su compañera y que al final y al cabo, la noche es su fuerte.


El “high” cómo estado, que logra que algunas lleguen desde sus casas con cuanta cosa encima, mientras que otras estén seguras que en el transcurso de la jornada por sólo $50, algún taxista-narcomenudista, les conseguirá una “grapa” de lo que en primera instancia es cocaína, aunque considerando el costo y su procedencia, es fácil adivinar que el “pase” que se darán en realidad será de la sustancia más insana del mundo.


Dinero que corrompe y barrena todo. Narcotraficantes, judiciales, políticos, empresarios, yuppies y celebridades; los cuáles han aprendido a negociar con el poder y la prepotencia que éste les otorga; para poder cumplir uno más de los ociosos y suprasordidos caprichos en los que gastan lo que sea necesario (y si es en dólares, la negociación se torna aún más interesante); invitando, seduciendo, chantajeando, instando, hostigando e inclusive obligando a cualquiera que se les acerque (en la mayoría de los casos, sin posibilidad de negativa alguna), a consumir lo que les venga en gana; sirviendo dos líneas de omnipresente cocaína o un cuarto de ácido en gran parte de los casos, cómo mero pretexto para entrar de lleno al tema sexual, el cuál puede ir desde la propuesta rompecoños aunque consensuada de salir inmediatamente del lugar e ir a un hotel; hasta la intimidación hedionda y lacerante espetada impunemente en toda su cruda y explicita textualidad (“Quiero orinarme en tu cara” / “Deseo venirme en tus ojos” / “Voy a meterte el dedo hasta que sangres”).


Bebida adulterada abyectamente ante el inoportuno descuido de la chica por parte de clientes lumpenes, cómo riesgo asumido, por ser “gajes del oficio”; a pesar de las consecuencias inciertas que esto implica.


Adicción (o en su defecto, la conversión paulatina a dicha condición) de una chica, cómo arma infalible, utilizada por las mafias internacionales de trata de personas para jugar así con la amenaza, la extorsión y el sometimiento; asegurando de ésta forma control absoluto sobre ella (6).

Espacio violentado por narcoirascibles ajustes de cuentas, las cuáles casi siempre tienen como catalizador, absurdas impertinencias: la mala cara de alguna chica, la hijadeputez en el trato de algún mesero, un comentario fuera de lugar hecho al cliente por quién sea…De infratraficantes a narcojetes. De la destrucción total del lugar (espejos hechos pedazos, sillas volando sin ton ni son, restos de botellas hasta en el baño); a punitivas masacres a lo cabrón (hiperviolentos pandemoniums que incluyen: ráfagas de cuerno de chivo, asesinatos a granel, colección inane de victimas que ni la debían ni la temían –alguna chica malherida por un arma punzocortante, un mesero perdiendo la pierna por culpa de una bala infamemente azarosa–, ensordecedoras amenazas, pánico, histeria colectiva, confusión y devastación).


Tres de la mañana. Nombres involucrados en la acerba descripción anterior (de los acostumbrados a los novísimos pero prescindibles); recitados oprobiosamente por Frida curándose en salud, sin haber sido solicitados. ¡Casi $1400 gastados! Momento justo para ir a dormir.


Cinco de la tarde. Hora prudente para hablarle por teléfono a Martell, confirmar todos mis pronósticos, saber dónde nos podríamos ver y…un hombre hostilmente me contestó. (¡Demonios, Martell me tomó el pelo y me dio un teléfono falso!).


A pesar de esa primera impresión, me apresuré a preguntar titubeantemente por Martell… erm…Rosario.


Conservando la hosquedad inicial, el hombre me comunicaba con Rosario…erm…Martell.


El dueño de tan áspero tono de voz, cómo me lo respondería Martell adelantándose a mi interrogante, era su esposo. Nuevamente ganándome la palabra, sentenciaba vernos ese día en La Tentación, debido a que por urgencia económica, ese día así cómo los posteriores, empezaría a trabajar en el turno vespertino.


Diez de la noche. Dadas las circunstancias, no me quedaba más remedio que regresar 24 horas después a La Tentación y… antes de que buscara a Martell, ésta vez llegó (¿o deberé escribir volví a ver después de varios meses de no saber nada de ella?) Zara.


Zara la joven de extraña belleza (esa piel morena, aquella figura arquetípicamente espigada, esos rasgos diáfanos que armonizaban con sus intenciones); me recibió con una nueva ronda extenuante de elucubraciones, que sólo a ellas les fascina formular, las cuales involuntariamente se trastocaban cada vez que las escuchaba en nuevas pistas para llegar lentamente a comprender de una vez por todas la quintaesencia del cariz del inframundo; cómo si en el fondo Zara hubiera querido subliminalmente burlarse diciendo “Querías saber todo acerca de nosotras ¿no? Pues ahora asume las consecuencias y escúchame”.


Gracias a la maldición que cargaba por conocer a Alexandra; Zara consideró que debía de enterarme, por qué la chica rockera-metalera-darketa-heréticamente popular si las hubo en La Tentación; no estaba trabajando esa noche: Alexandra había sido (una vez más) suspendida.


Resulta que la conducta díscola de Alexandra (impelida por alcohol y barbitúricos), provocó que una semana atrás, en medio de la noche, ella simplemente enloqueciera teratológicamente; al extremo de ver a cualquier persona que se le atravesara en los pasillos, cómo sujeto perfecto para ser golpeado inmisericordemente.


¿El saldo? La nariz de PERLA, una novel joven costarricense junkie con un horrible tatuaje garigoleado que le recorría todo el vientre y estomago, hecha mierda al ser azotada brutalmente en repetidas ocasiones en la escalera que daba al camerino; gerentes y meseros incapaces de frenar su agresividad; clientes amedrentados por su rabia y discusión verborreica con conato para la continuación de la violencia física cómo final de su catálisis, con PAULINA; una bailarina megalomaniaca bendecida por la sobrevaloración, en gran medida por sus gozosamente explícitos pero poco inspirados desnudos dónde quedaba al descubierto su extrema delgadez para su cuerpo de tez apiñonada. Junto a otra chica de nombre MIA, fueron en su momento LA sensación del lugar, rompiendo récords de petulancia. Meses más tarde, me enteraría que ambas también formaban parte del grupo de adictas irredentas que fumaban o inhalaban todo lo que cayera en sus manos.


Once de la noche. Pidiéndome discreción al respecto, Zara, la cuál se encontraba en el límite entre la intoxicación química y la cordura; se despedía de mí para poder buscar clientes potenciales que le dieran un giro de 360º a su suerte; con un abrazo diferente, uno que duró algunos minutos cómo si ella presintiera que sería la última vez que nos volveríamos a ver; mientras que me decía unas palabras entonadas con tanta contundencia, que nunca supe a ciencia cierta ni cómo reaccionar ni qué responder: “Siempre he pensado que eres un niño tierno, inocente y bonito por dentro…porque por fuera la neta sí estás bien feo”. (¿Cómo reaccionar ante tal sinceridad? Todo esto es tan ridículo que no sé si reír, denotar incomodidad o decir algo.).


Al final no dije absolutamente nada y sólo vi cómo terminaba de despedirse con una perversa sonrisa, la misma por la que desde siempre sentí una rara debilidad.


Paradójicamente, sí sería esa la última vez que vería dicha sonrisa.


(¡Me encantan esos pequeños detalles, cómo suerte de designios del destino!).


Basta de despedidas y coincidencias. Simplemente debía de mandar llamar a Martell. Ahí, desde el otro extremo del salón, la veía venir. El camino hacia la gloria estaba a sólo un paso de distancia y… Bárbara tuvo que atravesarse en ese camino sin que yo lo impidiera.


En cuestión de segundos pasaba frente a mis ojos; un choque, como si de planetas que se colapsan se tratara, cuándo Martell y Bárbara se toparon frente a frente (¡Ashhhh, se me olvidó la regla #7 “LA RELACIÓN ENTRE MEXICANAS Y EXTRANJERAS ESTÁ CANCELADA”!). Todo había terminado. Adiós victoria. Entendí entonces que me seguía faltando madurez y constancia. Mi principal enemigo desde siempre había sido yo mismo.


Viendo como Martell se alejaba, con el coraje en el rostro (¿Hasta cuándo comprenderé la regla #3 “EN EL TABLE DANCE, LA VANIDAD Y FEMINIDAD SON FACTORES VITALES”?); sabía que buscarla sería un pleonasmo. Empero, los días siguientes intenté comunicarme con ella por teléfono con magra suerte. Era un hecho: Martell ya no quería saber nada de mí…claro, si es que algún día se interesó en mí.


Pocos días después, Martell dejaría de ir a La Tentación.


Así, nuevamente me alejé del mundillo del table dance.
Sin embargo, en las semanas posteriores, noté que no me afectaba tanto dejar de ver a Brittany y a Martell. Quizás, sí sentía cierta curiosidad, cierto cosquilleo por saber dónde y cómo se encontraban y… Momento, momento… ¡Eso es! Tengo una epifanía. Puedo involucrarme cuanto quiera en este mundillo, conocer el lugar que sea, ser reconocido por todos en dónde me pare, pensar que la filantropía puede nacer en ese espacio, encariñarme y hasta enamorarme de quién sea. Nunca nadie va a tomarme en serio, por qué el primero que no está tomando nada de esto en serio… soy yo mismo. No proyecto pasión por el trabajo. Y no lo hago, por qué al final, no tengo una inspiración real. Debo de volver, pero ésta vez necesito una musa no una modelo. Quiero encontrarme con alguien con quién platicar amenamente sin fingir, pasármela bien olvidando por completo el contexto sexual del entorno y con la cuál me nazca espontáneamente abrirme pudiéndole compartir mi inquietud. Definitivo: debo de hablar acerca de la “persona” y la “mujer”, anteponiendo al “personaje” y a la “teibolera”. Estoy convencido de que por ahí, escondida, está esa persona que transformará totalmente mi panorama.


Por cierto, esa noche terminó (en ese momento, sin ni siquiera suponerlo) de manera premonitoria: Bárbara se quedó en mi mesa y fueron un par de horas tensas. Ella negaba, por más evidente que era su molestia; el sentir el mínimo celo por Martell, mientras que tomaba 4, 6, 8 copas de anís (hubo un momento que perdí la cuenta) y decía cosas con las que yo sólo podía pensar ¿Así o más ardida?; cómo “¡Ay flaco, soy una mujer madura! Si quieres me paro de tu mesa y manda llamar a Martell; por mí no hay problema…sólo que con ella no vas a sacar gran cosa ¿eh? Esa sí viene aquí a fichar tal cual…”. Por ese tipo de detalles, irremediablemente desde el primer día me convertí en su fan: su ego nunca le permitiría admitir que le recalcitraba la idea de tener que competir contra otras mujeres. Pasadas ese par de horas, me despedí. Sus comentarios sarcásticos ya empezaban a irritarme (“¿Ya estás haciendo las cuentas para pagar, flaco? Recuerda que todavía le vas a invitar a Martell / “¡Fíjate flaco! Ahí está Martell desocupada. Si quieres ya te dejo para que puedas hablar con ella tranquilamente”). Paralelamente, al fondo del lugar, se empezó a escuchar inesperadamente “Con Los Años Que Me Quedan” de Gloria Estefan. La canción se había vuelto rápidamente un “highlight” en La Tentación gracias al buen gusto de MIRANDA una “Guilty Pleasure” (“Chubby Girl”con desastrosa operación de senos –buen tamaño, pero totalmente asimétricos y amorfos–); que llevaba unas cuantas semanas trabajando en el local, proveniente de Guadalajara; la cuál eligió dicho éxito para llevar a cabo sus desnudos, antecedidos por “Ayer” (de la misma cantante). Presentaciones más entusiastas que necesariamente impecables en la técnica y la destreza; pero que se agradecían infinitamente, sobre todo después de la quinta chica gorda con vestuario que no le queda ni a su hermana menor, que sólo en una hora bailaba “Volverte a Amar” de Alejandra Guzmán. Sin embargo, esa ocasión era diferente. Miranda no estaba arriba de la pista ni el DJ la estaba poniendo como complacencia a algún cliente melancólico. No. Esa vez se trataba de una joven desconocida que portaba un vestido azul claro, que, micrófono en mano, interpretaba el famoso tema con una voz grave y sorprendentemente bien entonada. Bárbara y yo enmudecimos. Conforme la joven cantaba, yo sentí una repentina atracción: independientemente de que desde hace ya varios años “Con Los Años Que Me Quedan” está dentro de mis placeres culpables; la mujer imprimía a su versión una sinceridad así como una emotividad, contagiantes.


¿Quién era esa chica? ¿Una nueva bailarina que hacía su presentación ante sociedad de tan singular manera? ¿Una invitada del dueño? ¿La amiga de un cliente haciendo impúdico espectáculo? Quizás la interrogante podía no representar relevancia alguna y eventualmente la escena no dejaría de ser una anécdota y sólo eso. O tal vez esa noche tenía frente a mí a la persona que me demostraría que el table dance después de todo, no es una “Noche Efímera” sino una serie de “NOCHES: FANTASIA Y REALIDAD”.

2 comentarios:

Deavid Author dijo...

Gran artículo (en todos los sentido) pero ¡do not mamate! el fondo negro me hizo ver Matrix...

Jacques Oldenburg dijo...

Antisocial de nacimiento, profundo, un poco popfiláctico y con un artículo dónde los colores enfatizan lo que tratas de hablar en cada momento.

Te felicito

Besitos popfilácticos