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domingo, 13 de abril de 2008

NOCHE 17 - MALDITO SEA TU NOMBRE.

Una semana después de haber estado con Bárbara; El Escándalo se convertió en SCANDALO apostando infructuosamente ser un salón de baile, posteriormente un bar gay para finalmente aspirar ser una versión VIP de su hermano; con algunas de las “Divas” del local contiguo junto a un novísimo staff aunque siempre con la misma decoración y fachada); mientras que La Tentación a partir de ese momento intentó regresar por lo que era suyo…aunque en realidad nunca pudo volver a ser el mismo de antes: poca afluencia aún en días que deberían estar hasta el tope, un ambiente apático, una remodelación que lo hizo aún más impersonal, un local que presentaba pocas novedades, cambio constantes de gerencia, una plantilla que se renovaba pero que no lograba convencer del todo y que además se quejaba abiertamente de que el negocio no funcionaba; con clientes que no se dignaban en pagar copas pero que eso sí, se mostraban mucho más abusivos; mucho ticket table, sí, pero poco sustancial a la hora de hacer las cuentas, capitanes que no daban las condiciones más adecuadas para poder trabajar....

Con sólo dos días de reabierto La Tentación, me sentí totalmente atraído en ir, sin saber que esa noche se desencadenarían dos hechos que trastocarían todo.

No había pasado siquiera 20 minutos cuándo ya YOLANDA, una boletera madura, medio confianzuda y engorrosa que llevaba sólo un par de semanas trabajando ahí junto a otra nueva boletera llamada MARCELA, ésta joven y simpática; ya me andaba saludando y prometiéndome que me traería a Alexandra, la cuál ya había regresado a las andadas, después de recuperarse de su lesión.

Aún pidiéndole que esperara un rato, ya tenía en cuestión de segundos a Alexandra postrada frente a mí... sólo que con un pequeñísimo detalle: estaba completamente alcoholizada. Y las cosas se iban a poner feas.

Alexandra para ese momento estaba consciente, pero a un paso de que se le volara la cabeza después de haber tomado sopetecientas copas. Los síntomas: repetición “ad absurdum” y con dificultad de incoherencias y actitud desinhibida tomando aún más, considerando que ya no tenía nada que perder. Hasta ahí, todavía las cosas se mantenían tranquilas.

Pero, era de esperarse que eso no iba a durar. Así que al rato, ya andaba de agresiva, haciendo desfiguros, realizando presentaciones de proporciones épicas, dejándote solo para irse a otras mesas, y después cuándo se le pegaba la gana, regresaba a la tuya.

(¿Por qué carajos se me ocurre, ante tal panorama, gastar en ella; sí no se puede ni sostener? No sólo la estoy pasando súper mal; sino que hasta estoy siendo regañado por gerentes, compadecido por meseros, bromeado por boleteras y visto por muchas de las chicas burlonamente. Se podría decir que estoy en medio de un maldito predicamento. El ambiente se ha enrarecido. A Alexandra ya se la llevaron los de seguridad a camerinos prácticamente arrastrándola y no creo ya que salga de ahí en lo que resta de la noche. Aunque ciertamente tampoco me quedan muchas ganas de seguir viéndola. Creo que es momento de largarme “right here, right now” no sin antes pedir que me devuelvan mi dinero. Un momento, un momento, ¿de verdad puedo ser tan ingenuo para creer que a alguien aquí le interesará mi desgracia? Además uno de los capitanes acaba de recordarme la regla #10:

- “EN EL MUNDILLO DEL TABLE DANCE, LA CASA NUNCA PIERDE”. A menos de que se sea influyente o se sea más cabrón que bonito; se puede hacer lo que se quiera: ponerse al tú por tú con el capitán del lugar, escenificar un berrinche, montar en cólera aventando vasos y ceniceros por doquier, usar pacíficamente la labia con el gerente o portarse cínico y negarse a pagar. Se puede hacer lo que se crea más conveniente, total es imposible ganarles a los hombres de traje. En todo caso, lo que se puede obtener por andar discutiendo es que te saquen billetes, monedas, celular y reloj a punta de patadas.

Así que sólo puedo resignarme. La casa me ofrece una cerveza de cortesía y me sugiere llamarle a alguien más. ¡Puta, lo que menos quiero en estos momentos es permanecer aquí! Únicamente quiero olvidarme de todo, irme a dormir, no pensar en éste mal rato que estoy atravesando, posiblemente más tarde, darme de topes y... acabo de ver a Bárbara.).

Ahí todo dio un giro inesperado.

NOCHE 16 - ELLA VA A SALIR ÉSTA NOCHE DEJANDO ATRÁS SU VANIDAD. QUIERE GUSTAR Y SER GUSTADA, SENTIRSE DESEADA, BAILAR Y BAILAR.

No había siquiera terminado de subir la escalera que dirigían al antro cuándo lo primero que vi fue irónicamente a una Bárbara radiante ante una audiencia más bien escasa. Los síntomas volvieron: los ojos dilatados, el caminar haciendose torpe, el cuerpo sintiendo un incomodo hormigueo, el corazón bombeando furiosamente sangre. Y todo esto aumentó cuándo ella fácil y rápidamente me identificó y detuvo momentáneamente su presentación para saludarme.

Esa noche, dónde Alexandra estaba ausente ya que días atrás se había lesionado la cadera, producto de una de sus tantos espectaculos incendiarios; me enteré el motivo del por qué Bárbara y parte vital de la plantilla extranjera de La Corbata, habían decidido abandonar dicho lugar.

Resulta que en La Corbata ya se había vuelto práctica común que “La Escoria”, optara por medidas drásticas para obtener copas: sexo oral, fajoteo descarado y promiscuidad rampante. El ambiente se había vuelto virulento. Aunque ninguna estaba obligada a ejecutar algunas de éstas acciones, era insostenible trabajar en un contexto tan repulsivo, además de que no fueron pocas las ocasiones que recibieron propuestas de los clientes para que hicieran lo que el resto.

A Bárbara, se le unieron en la huida tanto Kimmel así como su amiga Sabrina también procedente de Venezuela (de hecho ella fue quien introdujo a Bárbara en éste negocio); con las cuáles, debo de admitir, animaban hasta al más amargado (o sea, no sé si es genético, el clima o lo que comen; pero las venezolanas rifan y gobiernan el pedo); pero eran súper pose. Al momento que escribo esto, Kimmel y Sabrina ya no trabajan más en el mundo del table dance: Kimmel se relacionó sentimentalmente con uno de los meseros de La Corbata, el cuál eventualmente se convertiría en uno de los capitanes del lugar. Viendo la inminente debacle del lugar; ambos se salieron de ahí. Ella no siguió a sus compañeras y se le empezó a ver en clubs exclusivos cómo CADILLAC y GARDEN CLUB mientras su pareja se transformó en una suerte de padrote. La última vez que supe de Kimmel, había abierto su propio negocio; una estética la cuál, ella misma atendía. Sabrina por su parte, conoció a un cliente que la sacó de ahí; aunque por lo que supe en voz de la misma Bárbara, todo era la clásica relación por conveniencia ya que ella no se sentía cómoda con su nuevo ritmo de vida ni satisfecha afectivamente. Curiosamente en esas vueltas que da el mundo y contrario a lo que cualquiera que la ubicó en su faceta de “Diva” pensaría; un día de manera casual me la topé atendiendo un local de teléfonos celulares en Plaza San Cosme.

A El Escándalo, también terminó cayendo la (hasta ese momento) mejor amiga de Bárbara; una señora brasileña llamada FRIDA con la cuál me divertía mucho porque ella tenía un pésimo español y mi portugués es escaso, así que gran parte de nuestras conversaciones se trataban en adivinar y entender lo que decía el otro. Para ese entonces, no pensé que su nombre lo estaría escuchando insistentemente en los meses posteriores…

El punto de ese día fue que Bárbara…perdón, perdón, GABRIELA (el nombre con el que ahora era conocida en el lugar), abusara y me cabuleara a su antojo con respecto a Alexandra, sus celos y mi comportamiento todo nervioso (y eso que no lo llamó patético), cuando las tuve a las dos frente a frente. Su manera de cohibir hasta al más pintado, hizo que sólo me quedara cómo remedio, no decir algo de sus burlas no malintencionadas.

Bárbara aprovechaba también en darme su propia versión de lo que había sucedido en los vestidores de El Escándalo con Alexandra y así descubrí cómo se caracterizaría a la postre su rivalidad: Alexandra haría todo lo posible para provocar, para actuar con mala leche, en sacar ronchas; presumiendo que ella sin duda era la opción que yo elegiría. Bárbara por su parte respondería con seguridad, cinismo e inteligencia, para que sus palabras fueran secas pero contundentes. Ambas aparentaban que lo dicho por la otra no le afectaba en lo absoluto y mantenían una pose retadora. Aunque por supuesto, en el fondo si les calaba lo que oían de la rival.

Pensé entonces, que a partir de ese momento no sería raro enterarse de que una le vació cerveza al vestuario de la otra, o que una le rayó el disco a la otra antes de su presentación o que ambas llegaron a agarrarse a cachetadas guajoloteras y taconazos limpios en el baño.

domingo, 30 de marzo de 2008

NOCHE 15 - EL ETERNO FEMENINO.

¿Qué pasa si se junta en el mismo lugar a dos soberanas representantes del amor comprado y de la belleza sintética? Que sólo es cuestión de esperar para que surjan problemas. Y si uno está en medio del colapso, es irresoluble que también se salga perjudicado.

Todo mundo me advirtió en su momento que Alexandra era profundamente posesiva y que brotaban en ella unos celos incontrolables los cuáles la convertían en una hija de puta… y yo nunca hice caso.

Haciéndole honor a la regla #1 “EN EL TABLE DANCE TODO SE RIGE POR INTERESES Y DINERO”; resultaba hasta justificable que Alexandra peleara con uñas y dientes ser la primera y la única y que viera a sus compañeras cómo enemigas, cómo incomodas competencias, cómo las responsables de que su dinero ese día estuviera en riesgo.

Pero regreso al factor psicológico. Ese es el que me interesa.

Regla #3 “EN EL TABLE DANCE, LA VANIDAD Y FEMINIDAD SON FACTORES VITALES”. Quizás sean el todo. Saberse deseadas. Estar conscientes que las necesitas. Que entre el mar de mujeres la escogiste a ella. Que a diferencia del resto, a ella la ves diferente. Ese es el jugo que hay que explotar. De ahí depende todo, para que uno pueda rebelarse ante la rutina.

Ellas huelen quién es un cliente más, cuyas intenciones no van más allá de tener compañía un rato mientras toman sus tragos, eventualmente agarrarle las nalgas a la que se deje y ya muy prendido comprar su correspondiente baile privado; y quién es diferente, aquel con el que podrá hacer química, pasándola bien, teniéndole confianza (dándole su teléfono o confesándole algún secreto) y a la postre si dicha persona es habitual en el lugar (que por lo general lo es), tenerle ciertas deferencias y considerarlo su amigo. Así mismo perciben cuándo eres sincero y aprecian cuándo las tratas como seres humanos.

Así que para una bailarina, no ser aceptada en una mesa, ser sustituida abruptamente en medio de la plática y/o el flirteo o no ser la única opción para el cliente; no es perder una buena oportunidad: es una humillación, restregándole que su esfuerzo no tiene valor alguno y demostrándole que no es tan indispensable cómo quiere suponer.

Por ende, si eras un cliente identificado por Alexandra y optabas (¿osabas?) por escoger a otra persona previa y sobre todo posteriormente; ella no dudaba en asaltar tu mesa, no importándole con quién te encontraras acompañado, para exigirte una explicación, gritarte, reprocharte y verte con una mirada demasiado pesada para terminar retirándose indignada.

Ser popular y saberse deseada termina siendo para una bailarina, una horrible arma de doble filo. Por una parte alza su autoestima hasta el cielo, ya que está consciente de que controla a su antojo la suerte de sus compañeras, la libido de los hombres y de que todas las condiciones giran en torno suyo. Pero por el otro lado toparse que por muy “Diva” que sea no es la única, puede herirle de muerte el orgullo.

Sin embargo, por más desaguisados y descalabros que pudiera protagonizar, Alexandra todavía no encontraba la horma de su zapato. Se podría afirmar que ya había experimentado los dos lados de la moneda, pero todavía sin consecuencias. Seguía siendo la estrella de siempre.

Cómo yo no tenía ni carácter ni fuerza de voluntad ante ella, Alexandra sabía perfectamente que no tenía por qué preocuparse si me veía saludando a alguna de sus compañeras o estando fugazmente en compañía de otra; era sólo cuestión de imponer su presencia, para librarse de ellas.

Cuándo me vio saludar efusivamente a Bárbara, Alexandra perdió su confianza. Su semblante cambió acentuadamente. ¿Y dónde fue muy notorio esto? Cuándo Bárbara se despidió de mí y se retiró a los vestidores, Alexandra se dirigió intencionadamente al mismo lugar. Cuándo regresó a mi mesa me dijo con el rostro desencajado que le había cuestionado a Bárbara cuál era la relación que llevábamos y que de dónde me conocía. A su vez, me pedía que sin mentiras, le diera mi propia explicación, porque Bárbara le había dicho que ya nos conocíamos meses atrás.

Alexandra supo que por fin se había encontrado con una rival digna.

¡Como quisiera presumir que yo era el responsable de que una rivalidad iniciara! pero estaría mintiendo. En realidad el enfrentamiento no se trataba siquiera de bailarinas, sino de dos chicas que querían demostrar quién era mejor como “mujer”, y yo era sólo el pretexto.

Era improbable de que las cosas volvieran a ser iguales. Era complejo controlar dos personalidades tan fuertes. Quizá fue mera ingenuidad, pero en particular a Alexandra y a Bárbara, siempre las vi con otros ojos.

De acuerdo, Alexandra era medio convenenciera y tenía (¿tiene?) serios problemas con el alcohol y las drogas. También es cierto que no lo pensaba dos veces en coger con el primero que le pagara. Vamos, según los parametros nihilistas de este mundillo, uno debería ser un pendejo si se involucraba con ella y no pensaba en cogérsela; porque era fácil y relativamente barato.

Sin embargo, eso a mí me valía. La veía y no podía evitar decirle que sí en todo. Nunca pensé en cogérmela. Igual sí era muy sencillo. Igual a ella sí le prendía demasiado tener sexo de esa manera y no me hubiera tomado a mal mi propuesta de pagarle. Pero a mí eso no me interesaba. Lo que pretendía era saber cómo se sentía, en qué pensaba y qué deseaba. Y a pesar de su hermetismo, mi necedad era aún más fuerte. Creo que siempre he tenido algo de masoquista.

Por su parte, ver cómo Bárbara emanaba delicadeza de forma casi etérea, cada vez que bailaba con “Ella y Yo” de Don Omar y Aventura o “Tu Príncipe” de Zion y Lennox, se desnudaba, caminaba por los pasillos del lugar, saludaba, sonreía, tomaba su copa de anís, la escuchaba hablar y se despedia; generaba que en lo que menos pensara era en verla como objeto sexual. Igualmente me interesaba saber más de ella, de la “persona” no del “personaje” de “femme fatale” que adoptó.

Cómo una perversa ironía, por una coincidencia que me dejó a las puertas del antro; sólo me tardé dos días en regresar a El Escándalo.

NOCHE 14 - LA CONOCÍ EN UN MOMENTO MUY EXTRAÑO DE SU VIDA.

Bárbara irradiaba por todos sus poros, vanidad y feminidad. Así que, su mirada era fulminante, su caminar hipnotizante, su aroma embriagante, su porte especial, su trato cordial, su voz acariciante, su esencia única, su manera de ser dónde dejaba de manifiesto que era una “Diva” resultaba intimidante. Vamos, desde éste momento lo confieso: me enamoré perdida y profundamente de Bárbara.

Voy a ser sincero. Me cuesta un poco escribir éstas líneas, ya que estoy escribiendo de un amor platónico, de un absurdo, de un imposible, de una idealización. Ni hablar, yo sabía en qué terrenos me estaba metiendo cuándo empecé a escribir, así que estaba consciente que tarde o temprano me afectaría mencionarla.

Después de conocerla (dónde por cierto, surgió el “gag” local de bautizarla como “La Ingeniera” ya que esa misma noche me enteré que ella había estudiado en Caracas, Venezuela; su ciudad de origen, la carrera de Ingeniería Civil, aunque nunca la terminó; en una escena por demás sui generis, tanto por el escenario cochambroso bañado en prominentes luces rojas dónde se hacía dicha confesión, así como por lo asombrosamente disparatado de la situación); fueron pocas las veces que me topé nuevamente con Bárbara. Sin embargo los síntomas siempre eran los mismos: me bloqueaba, tartamudeaba y hacía patente mi nerviosismo.

(¿Mi comportamiento cada vez que la veo responde a que tiene bien practicado su personaje o es porque en realidad me gusta? ¡Demonios! ¿Para qué lo niego? Es evidente que Bárbara me voló la cabeza)

A pesar de aceptarlo, curiosamente no me pesaba tanto pensar que quizás no la volvería a ver porque La Corbata ya había perdido ahora sí todo su encanto.

Dos o tres meses después de la última visita a La Corbata escuché de su resurgencia y ahora hasta en días tan improbables cómo lunes o martes, el ambiente rifaba durísimo. Sobra decir que no tardé mucho en ir a comprobar la noticia.

En efecto, La Corbata había vuelto a ser “in”…aunque por un periodo fugaz.

Comprobar que aunque los meses habían trascurrido y que en realidad nunca mantuvimos una relación tan estrecha; Bárbara se hubiera acordado inmediatamente de mí, fue razón suficiente para reafirmar un hecho: estaba enamorado de ella.

Reitero, La Corbata tuvo un segundo aire mínimo. Semanas después nuevamente se encontraba muerto, quedándose sólo con lo peorcito de la plantilla.

Por ahí se encontraba una pareja de hermanas también procedentes de Venezuela llamadas PAULINA y KORINY; las cuáles sin embargo, en vez de pagarles para que se quedaran en tu mesa, lo que querías era pagarles para…quitártelas de encima; ya que sobre todo Koriny era conflictiva y demasiado molesta; por lo que sin decir “agua va” te soltaba putazos, arañazos y jalones de pelo (¡!). De hecho, ella fue la responsable que una noche que se encontraba en su apogeo, concluyera de súbito cuándo recibí de su parte un golpe en el rostro; al momento que ésta intentaba pegarle a un cliente, el cuál había rechazado besarla en la boca.

Chantal (¡sí, esa señora gorda con labio leporino y súper alcohólica!), cayó a ese tugurio a seguir exhibiéndose de la peor manera posible. Cuándo me la volví a encontrar, ella aseguró reconocerme. Considerando su alarmante nivel etílico, tengo la ligera sospecha que estaba mintiendo. Esa noche, terminé con un inolcutable chupetón en el cuello que duró por varios días, cómo premio.

Y así se seguía topando uno con extranjeras vulgares, mujeres decadentes, jóvenes avorazadas y más. ¡Puaj!

Justo ahí dónde descubrí en definitiva que sí me interesaba Bárbara, cuándo una boletera me daba una noticia que pareció cómo balde de agua fría: Bárbara había dejado de trabajar ahí y no sabía cuál era su nuevo lugar de trabajo. De hecho, la acompañó en el éxodo, parte de la “legión extranjera” de La Corbata.

Esa noticia que la boletera decía parcamente, a mí sí me movió.

Al parecer era sólo cuestión de resignación lo que me hacía falta para afrontarlo.

Así que, aquella noche que la vi en la pista de El Escándalo, el corazón se aceleró, los ojos sólo tenían una dirección que era hacia ella, los músculos se tensaron, las palabras no brotaron, la mente se nubló. Y esto se acrecentó cuándo terminada su presentación, lo primero que realizó fue dirigirse a mi mesa y saludar (con todo y su caracteristico acento caribeño) en un tono entre bromista, amistoso, coqueto e intimidante.

Ahí empezó una nueva historia.

Podría decir que descubrí otro secreto de Alexandra la cuál había sido testigo de mi saludo con Bárbara: Alexandra no sólo era celosa, sino que si se lo proponía podía ser también una hija de puta.

miércoles, 26 de marzo de 2008

NOCHE 13 - DESCENSO A INFIERNILLOS LÚBRICOS.

Reconozco que entré tarde al mundillo intoxicante del table dance. De hecho, rara vez tomo alcohol en abundancia, reviento cómo marrano y me prendo más de la cuenta. Pero para celebrar mi cumpleaños 22, iba llegar el momento de conocerlo. Tenebrosa cueva que se encuentra al final de un callejón mal iluminado, que ostenta una famita de poder terminar sin billetera, el higado atrofiado o con un par de balazos apenas se cruza la puerta trasera simplemente por estar en el momento equivocado entre la gente que uno no quisiera toparse, mucho menos tener de amiga; nivel de prestigio equivalente a su densidad: La Corbata era el lugar indicado.

La Corbata era un antro naco. Quizás nunca entraría a un club fino para ejecutivos pero por lo menos en todos aquellos con luz fosforescente morada y decoración de mal gusto que conocería a partir de ese momento, me conocerían y atenderían bien.

Pequeño, con un ambiente entre lo kitsch y lo folclórico y una extensa plantilla conformada en su mayoría por centroamericanas ilegales, señoras gatonas, jóvenes descaradamente putas; y en su minoría atractivas mujeres sudamericanas con harta onda (de hecho gran parte del atractivo lugar, recaía en una súper-ultra-turbo-espectacular chica venezolana llamada KIMMEL); La Corbata era de esos antros que sí te ponían, cumbia alucinante, hip hop infecto, salsa para eventualmente bailar muy pegadito con la chica en turno y canciones cursis-cursis; mientras percibías un trato “familiar” de todo pinche mundo. Vamos, con esas características, en La Corbata te divertías sí o sí. Por ende, le perdí el asquito a asistir y al rato estaba cabrón que me sacaran ¡Ups!

Sin embargo, al conocer a Alexandra, abandoné súbita e ingratamente a La Corbata. Y sí el lugar me había adoptado cómo uno más de los suyos; sentía que era mi obligación reconciliarme con él. ¡Vaya decepción! La magía de La Corbata se perdió; el lugar se había vuelto un congal, pero ya no rifaba cómo antes. Vaya, ya ni te trataban como en tu casa. Y eso, sí calaba.


La opción más viable para sobrevivir a la infamia, era pedirle a un mesero que me llevara a una chica a mi mesa. Así de fácil. Pero siempre existió un pequeño problema al respecto: tenía la teoría de que si pedía a una chica, me terminarían trayendo a un perrito para que me diera la patita y sinceramente eso no me prendía nada, por lo que no acostumbraba ese recurso.

Además, también influía en mi decisión la regla # 11 del table dance:

- “EN EL TABLE DANCE, LA MAYORÍA DE LAS CHICAS NO TIENEN NI ESTILO NI EL TACTO NECESARIO PARA SU TRABAJO”. Si se solicita una chica, va implícito que se le llamó por algo y aunque no se está obligado a pagarle nada si no es convincente su compañía; esa falta de “feeling” hace que casi nadie oculte su impaciencia hasta que se le demuestre por qué está sentada con uno. Así que ¿para qué demonios se quiere tener al lado a una chica de esa forma? Tener a alguien que te llevaron a tu mesa, es súper incomodo: después de que ella se presenta y uno hace lo propio, no hay conversación alguna, sólo preguntas intrascendentes acompañadas por largos silencios:

- ¿Cómo va el trabajo?

- “Pues medio flojo, ¿eh? ¿Y ya habías venido?”

- Sí, llevo un par de meses viniendo. ¿Y ya bailaste?

- “No, todavía faltan como cuatro chavas antes que yo…. Por cierto ¿cómo me dijiste que te llamas?”

Así, hasta que se escucha la inminente pregunta: “Oye, ¿me invitas un tequila?”

Por todo ello, prefería que fueran ellas la que decidieran si yo les interesaba cómo cliente o no. Que en su recorrido, entre el grupo de oficinistas, el tipo medio alcoholizado, aquel otro de mala fama por propasarse con la que se dejara y el tipo que acababa de entrar al antro y que todas consideraban, estaba guapo; yo pudiera ser una buena opción. Por supuesto, el objetivo para ellas, seguía siendo el mismo: conseguir la mayor cantidad de alcohol posible; pero su actitud cambiaba drásticamente y se mostraban como tal cual eran. Era el momento perfecto para saber si se acababa de conocer a una “Starlet” o tal vez a una “Guilty Pleasure”. Ahora sí, llegaban con todo; cómo si les hubieran dicho que ese, era el último día que trabajaban; llegaban a arrasar, a dejar en claro que eran tan especiales, que para tenerlas ahí era obligatorio empeñar hasta a los amigos.

Ahora bien, esto también se aplicaba al otro lado de la moneda: cuándo la gerencia del lugar o un mesero a modo de “comité de recepción” endilga a una chica. Es un secreto a voces la regla #9 “EN EL TABLE DANCE, UNO NO SÓLO ES UN SIMPLE CLIENTE, TAMBIÉN ES UNA PRESA SEGURA”. Así que todos harán lo posible para que uno se quede acompañado toda su estancia, se gaste lo que ni se tenía contemplado y que se vea bonita hasta a la vieja más fea.

A la (muy probable) fallida bienvenida, le vendrá la imposición de otra y otra fichera hasta que tarde o temprano se pesque el anzuelo. Si uno al final no lo hizo, ya verán cómo conseguir lo más cercano: cobrar una cerveza de más, presionar con esa plaga conocida como boleteras, sacarse de la manga un chingo de impuestos y servicios (es un hecho comprobado que –técnicamente– en una visita a un table dance, se termina pagando dos cuentas: la “real” y la “pirata”, aquella que contiene el famoso –¿o deberé de escribir, infame?– 15% de IVA más esa propina cuasi clandestina del 10% del total de la cuenta que prácticamente exige el mesero; eso sin contar que toda esa pandilla de sub-empleados te pide algo; desde el encargado de “supervisar” los ticket tables, hasta el tipo que te da el papel en el baño. Y cuidado de no dar lo suficiente –o mejor dicho, lo que ellos creen que es suficiente–,a no ser que se quiera escuchar un “¡Uy! ¿A poco te atendí tan mal?” o un abusivo “Pues si es propina, no limosna”. O sea, intacto no se sale de ahí).


El hecho es que todos estos preceptos, esa ocasión valieron madres. (¡Juaaaa, toda ésta pinche vuelta para llegar a esto!). Reventé y no pude más. Me quise arriesgar y solicité a un mesero que me trajera a una chica, la que fuera, la primera que él viera estuviera desocupada, la que él considerara conveniente para mí.

Y repentinamente, llegó ella. Esa noche fortuitamente conocería a Bárbara.

martes, 25 de marzo de 2008

NOCHE 12 - "BUT I'M A CREEP. I'M A WEIRDO. WHAT THE HELL AM I DOIN' HERE?".

Había conocido a Alexandra y todo pinche mundo en El Escándalo me ubicaba.

Ahora bien ¿por qué desistí en proponerle grabarle? Eventualmente, conocí su secreto.

A través de los meses, los motivos para hacer “Noche Efímera” mutaron: empezó siendo un registro antropológico y sociológico de un entorno estigmatizado ciega e ignorantemente, que según yo, necesitaba ser conocido bajo otra perspectiva para posteriormente ser valorado en su justa medida; pasó a una indagación para saber del “personaje” del que se apropian estas mujeres; “la femme fatale”, “la lolita”, “la ninfomana ” o “la mujer misteriosa”. E inevitablemente terminó por convertirse en una obsesiva necesidad de conocer a la “persona” y su vida privada.

Por ende, andar agarrando nalgas, metiendo dedos en vaginas, chupando senos, besando a la que se dejara y tratando a todas cómo viles putas, nunca fue lo mío. Curiosamente, en no pocas ocasiones, fueron ellas mismas las que me cuestionaron por qué no me atrevía o animaba a tocarlas.

Será porque lo que a mí me interesaba era observar cada y uno de los detalles que se gestaban por mínimos que fueran estos: el grotesco y misógino desfile de las chicas en la(s) pista(s) al iniciar la jornada cómo si estuvieran exhibiendo carne; el cliente con altos grados etílicos en la sangre, peleando con el capitán del lugar negándose a pagar su cuenta alegando que le han cobrado de más; el caótico tránsito de mujeres por los pasillos del lugar; la boletera a la cuál le ha llamado la atención el gerente porque no está atenta en hacer bien su trabajo; la joven que revela su pudor, cuándo pide que bajen las luces lo más posible al momento de su desnudo…

El pasar varias horas hasta que el amanecer me alcanzara, sentado, tomando una, dos, tres, cuatro cervezas (o las que el cuerpo y el bolsillo aguantaran); seguramente teniendo a “Enjoy the Silence” de Depeche Mode o “Goodbye Horses” de Q. Lazzarus de fondo, mientras que las luces estroboscopicas hacían su función de alterar los sentidos; servía para documentarme cómo Dios manda y hasta me daba oportunidad de andar de ocioso haciendo estúpidas preguntas cómo por ejemplo:

- ¿Quién es la mujer con el nombre (o mejor dicho, seudónimo) más extravagante (por no decir, más presuntuoso)? Ahí están peleándose el título Ameyali, Beyonce, Caricia, Celeste, Charlotte, Damian, Danger, Dangina, Fanny, Galaxia, Halloween (¿?), Ileyan, Jordan, Karuna, Loreto, Lynn, Matrix, Maxine, Mistique, Mónaco, Montana, Ninfa, Nirvana, Sakura, Suleika o Tequila (¡En serio, existen jóvenes a las cuáles no les importa qué tan naco pueda escucharse y se hacen llamar así!).

- ¿Cuáles son los nombres que con más frecuencia se repiten? Probablemente el plenilunio depare destinos insospechados, probablemente no. Posiblemente se labre un futuro, posiblemente de forma inexonerable, no. Sin embargo, ineluctablemente uno se topará a través de unas cuantas horas, con mujeres con nombres convertidos en lugares comunes cómo Allison, Anahi, Azul, Brisa, Dafne, Jessica, Lluvia, Perla, Shakira, Sharon, Vanesa y Yadhira.

- ¿Cuáles son los vestuarios o disfraces elegidos por las damas, que más rifan y cuáles son los más gachitos? Definitivamente vestirse de enfermera siempre será más efectivo que toda clase de palabras cochinotas susurradas al oído. También el combo lencería de encaje + plataformas extremadamente altas puede estimular para que los niveles de testosterona, se eleven. Ya cómo fetiche personal siempre estuvo el look de secretaria ejecutiva que la neta jala greña: lentes, adornito en el cuello, brassiere, faldita y tacones. ¡Uhu, que viva el look de secretaria!


Por otra parte, sigo sin comprender por qué a todo mundo le mata ver viejas disfrazadas de vaquerita, policía, bombero o de edecan de automovilismo. ¿Quién demonios les dijo que se podían ver interesantes con esos uniformes? Chicas, dejen de ponerse esos horribles trajes completos pegados al cuerpo y ya, todos contentos.

- ¿Qué canción debería de estar prohibida en estos lugares? “Creep” de Radiohead. O sea, la rola es muy buena, funciona perfectamente para quitarse la ropa y seguramente Thom Yorke recibirá el cielo por haberla compuesto; pero ¿qué pinche necesidad de quemarla de esa manera? Y es que habiendo tantas y tantas buenas canciones, todas, sin excepción, al menos una vez la han utilizado; cómo si representara una democratización: se puede escuchar desde el antro más elitista hasta en el congal más infecto. Además, siempre he tenido la misma duda: ¿las chicas sabrán el significado de la letra y eso es lo que las une? ¿Pensarán ingenuamente que es la quinta esencia de la sofisticación? ¿Entenderán que la canción habla de perdedores y en realidad es demasiado pesimista?

- ¿Cuál es el peor elemento en la decoración existente que uno puede apreciar? Estoy en una disyuntiva: si en la entrada de un antro te recibe una marquesina con un letrero que reza “EL LUGAR CON CLASE”, bajas la mirada y lo primero que ves, es una tosca figura de un tigre blanco; sabes por lo menos una cosa; entrar ahí es ateniéndote a las consecuencias. Ese momento totalmente sui generis, el cuál se podía apreciar en el MIROG, compite contra la correspondiente horrible efigie de un perro dálmata de LA CORBATA (¿?), el altar churrigueresco de La Tentación y la estorbosa plataforma en forma de diamante en medio de plena pista del QUEENS PABELLÓN COPILCO.

Historias nacían, crecían, se reproducían y morían en mi mesa. Y ese ciclo me servía para clasificar y catalogar a las chicas del lugar. Vamos, realizar una cosmografía del mismo, para saber posteriormente a quiénes convenía dirigirles la palabra y con quiénes era mejor ni intentarlo. Hecha la disección, conocí que existen principalmente tres grupos bien definidos que dominan el territorio:

- “LAS DIVAS” – Ellas no buscan clientes de mesa en mesa, tú eres el que debes de buscarlas y solicitarlas…con el riesgo de ser objeto del desaire despiadado. Féminas extranjeras (y en menor medida nacionales) excesivamente operadas o con cuerpos (casi) perfectos que disfrutan ser observadas y deseadas, no por nada son las “femmes fatales” por antonomasia; aquellas que se distinguen porque en la pista, están más preocupadas en verse al espejo más cercano o buscando un cómplice que se derrita cual hielo ante sus pies para así sentirse cachondas; que en bailar.

- “LAS STARLETS” – El contingente más nutrido del lugar. Básicamente son las chavas más accesibles y las menos prejuiciosas. O sea, el mero buen pedo. Son aquellas que te pueden dejar con la boca abierta con una presentación impredecible y una selección musical súper original; las responsables que puedas hablar amenamente sin que te des cuenta que han pasado varias horas desde que llegaron a tu mesa; las personas que demuestran que hasta encuerarse, acompañar a un grupo de monos y platicar tiene su chiste y que mucho consiste en el estilo y la actitud.

- “LA ESCORIA” – Alcohólicas y/o drogadictas, promiscuas, abusivas, vulgares, ex – vedettes en desgracia, decadentes, en muchos casos “wannabe” (entiéndase con esto, aquellas que viven y trabajan para rendirle culto y tributo a lo inauténtico); mujeres que en términos estéticos tienen físicos diametralmente opuestos a los ideales y estándares de belleza impuestos por el table dance; en menor medida, “has been” con cuerpos dónde el tiempo ha cobrado factura y la fama las abandonó; tendientes todas ellas a brindar shows ofensivos al buen gusto: algunas, parecen más, que están resolviendo ecuaciones matemáticas porque su mente y su cuerpo están en lugares distintos; otras hacen actos aburridísimos acompañadas por canciones en sus versiones remix horribles y eternos (Zzzzz…) y unas cuantas más provocan el mero humor involuntario por su torpeza. Cualquier semejanza con Esmeralda NO es mera coincidencia.

- Y en medio de las “Starlets” y “La Escoria”; se forma una sub categoría que se podría definir como “GUILTY PLEASURES”: no son bellezas impresionantes, tampoco son esperpentos; simplemente tienen su lado encantador muy particular por lo que no son para todos los gustos. Xavier Velasco, en su libro “Luna Llena en las Rocas: Crónicas de Antronautas y Licántropos”; escribió al respecto, una definición que me fascinó: “...son aquellas cuya exótica hermosura se ríe de la perfección; y es más: sus imperfecciones, de por sí ajenas a la asepsia común del Factor Barbie, son el magneto fatal que les da misteriosos poderes sobre aquellos que aprecian cuanto es único. Mujeres asimétricas, desdeñosas del modelo o desdeñadas por él, cuya sensualidad vive unas millas más allá o más acá de las muecas fenicias que dan al Factor Barbie la espontaneidad propia de un infomercial. Mujeres que jamás se sientieron beldades, pero igual se sentí
an seductoras. Mujeres cazadoras, amazonas vampíricas, chicas acaudaladas de experiencia y olvidadizas de toda parvulez...”(1).

Por supuesto, ni todas las “Divas” son inalcanzables, ni todas las “Starlets” son la buena onda en persona, ni todas las que integran “La Escoria” son nefastas. Todo depende del tacto con la que uno se conduzca… y la suerte que se tenga.

Técnicamente, existe una clasificación “oficial” que coloca, según el criterio de los dueños, en diferentes “niveles” a éstas muchachas, dependiendo de su físico (y en algunas ocasiones, por su nacionalidad). Obviamente el “Primer Nivel” corresponde a mujeres argentinas, brasileñas, checas, croatas y una que otra mexicana de físico espectacular y que por ende, tienen mejores sueldos y mayores privilegios; así hasta llegar a las que son consideradas “De Piso” o “De Salón”o sea, que ni siquiera tienen el derecho de bailar y en algunos casos deben de trabajar doble turno por bajos sueldos. Hay lugares en los que exclusivamente trabajan chicas de cierto “nivel”. Por ejemplo, las del “Primer Nivel”, sobre todo se encuentran en los “trendy” y…
¡tómala, ya me desvié demasiado del punto!

El entrometerme en los respectivos dramas de estas mujeres; me llevó a escuchar azarosamente, pizcas de temas cómo: lo agobiante de su presente, la imposibilidad de ocultar su pasado que las condujo a trabajar ahí y la incertidumbre por su futuro. Sin embargo, pesaba más la desconfianza, el hermetismo, la prudencia. El ambiente obvia y notoriamente las maleó, les endureció el carácter, las hizo inexpresivas.

Así que, mi afán de acercarme con ellas fue a base de preguntas cómo ¿Qué me cuentas? o ¿Qué hay de nuevo? A pesar de lo sincero de las preguntas; la reacción natural de ellas era desconcertarse cómo si les hubiera dicho Quiero olerte las axilas, viéndome como si las hubiera humillando y su respuesta se limitaba a “Nada ¿qué quieres que te diga?” o “¿Qué quieres saber?”en un tono serio o con una alta carga de sarcasmo.

Por consiguiente, así descubrí el camuflaje de Alexandra: la rebeldía que destilaba, la actitud que despedía, la vestimenta que portaba, la música con la que gozaba prender fuego a la pista; la promiscuidad que presumía, la vulgaridad de la que alardeaba y la desfachatez que soltaba, sólo eran escudos.

En realidad, tenía cada quincena frente a mí, a una joven que necesitaba confesar en un estado vulnerable su tristeza, porque después de pasar la mitad del día en una actividad endiabladamente sofocante, pasaba el resto dormida así como cumpliendo sus funciones de madre soltera y ama de casa. Vamos, Alexandra prácticamente no tenía vida.

Pero entonces ¿para qué pregonarlo para que uno se enterara y simultaneamente negar contar de más?

Me explico: no tardé mucho en saber que tenía un hijo llamado ULISES, el cuál sufría déficit de atención y haciendo cálculos, ella lo tuvo por ahí de los 16 años; producto de una relación fallida. Era de Monterrey, Nuevo León, en realidad su nombre era SANDRA y al momento de conocerla tenía 25 y su hijo 9. Su desencanto consistía en pensar la imposibilidad de estudiar una carrera universitaria y que su rutina la llevaba del trabajo a la casa y viceversa, así sucesivamente.

El hecho, es que al estar consciente de su situación, al preguntar ¿Qué me cuentas? no era para intentar hacerla sentir mal, sino porque en realidad estaba interesado en saber de ella. Pero al parecer, eso ella nunca lo entendio. Reitero, la constante era regurgitar su presente cada vez que se daba la oportunidad, pero siempre consciente de no revelar más de lo necesario, cambiando mejor abruptamente la conversación.

Debo de confesar mi desánimo por las escuetas respuestas que escuchaba. Notaba aparte, que cada vez que asistía a El Escándalo, todo empezaba muy bien y me la pasaba bomba, pero paulatinamente me aburría cantidad, porque no tenía gran tema de conversación con Alexandra. Soy malísimo con las bromas y los chistes porque mi humor es demasiado nerd, mi petulancia me invade y porque yo iba por un objetivo en particular.

Éste sentimiento se acentuó la penúltima vez que asistí a El Escándalo. Esa fatídica noche mientras que estaba acompañado, una vez más por Alexandra, acepté finalmente después de escucharla, que el paso lógico era olvidarla; decisión que coincidió con una vuelta de tuerca a todo lo planteado hasta éste punto. No había existido ningún sobresalto; hasta que en el escenario vi a un par de mujeres de reciente ingreso en el lugar.

Una era SABRINA, una atractiva pero arrogante muchacha rubia, la cuál siempre andaba saltando de La Corbata a El Escándalo y viceversa aunque finalmente había optado por establecerse en el segundo local.

Pero me inquietaba saber que al cruzar miradas con la otra mujer; ella, demasiado alta, de tez morena clara, rostro angelical, cabello largo, ondulado y negro; senos discretos, amplias caderas, trasero prominente y con dos tatuajes sobresaliendo en su cuerpo (uno con la figura de un dragón y dos caracteres chinos alrededor en el hombro derecho y otro en forma de grecas en la cintura); ésta me reconoció y me sonrió.

Me percaté entonces, que frente a mí estaba sorpresivamente ella. Esa noche volví a ver a BÁRBARA.






(1) Xavier Velasco - Mamazonas a Galope, incluido en “Luna Llena en las Rocas: Crónicas de Antronautas y Licántropos”; Pág. 74. Editorial Alfaguara, 2007.

NOCHE 11 - CÓMO CONVERTIRSE EN CELEBRIDAD SIENDO TESTIGO ANÓNIMO EN SÓLO CINCO NOCHES.

Se me haría absurdo e inútil, detallar cada una de las veces que me encontré a Alexandra después de esa noche, contar cuántas copas le pagué, relatar qué es lo qué hacía en zona de ticket table (¡!), confesar en cuántas ocasiones me emocioné por verla arriba del escenario y en cuántas me cuestioné si en realidad estaba o no interesado en ella.

Así que, aquí es pertinente hacer otro paréntesis. Nunca me percaté cuándo sucedió, pero el hecho es que súbitamente, todo pinche mundo me ubicaba y sabía que iba única y exclusivamente a ver a Alexandra. ¡Chale, chale, chale! ¿Qué es lo que había hecho para que entre el putero de banda que solicitaba a Alexandra todas las noches, yo no hubiera pasado desapercibido y para que de repente, los gerentes, los meseros, boleteras cómo ERICKA o BERENICE, el resto de las chicas cómo GINEBRA (una joven “wannabe” cuyo tinte de cabello rubio siendo ella exageradamente morena era tan ruidoso cómo una palmera en plena tundra) o ABIGAIL (una señora de malos modales y de sensualidad anodina); y hasta GERARDO (el taxista que recogía y llevaba a su casa a Alexandra), me conocieran bien con tan sólo un puñado de ocasiones que habia asistido?

El tiempo disiparía la duda del por qué ahora era conocido cómo “El Novio de Alexandra” (¿?).

Por el otro lado, no tuve ni el valor ni las ganas de preguntarle si algún día podría entrevistarla. ¿La razón? Eventualmente conocí su secreto: después de todo, su rebeldía era sólo un disfraz.

domingo, 23 de marzo de 2008

NOCHE 10 - TAN LEJOS, TAN CERCA.

Debo de reconocer que toparme nuevamente con Alexandra me llevó más días de los previstos. Cuestión de suerte, supongo.

Pero la ocasión se presentó un día inesperado. Ahí estaba, ataviada totalmente de negro, dándose a notar, siendo, faltaba más, la sensación de la ficción exigua. Era momento pues, de poner la mente clara, el objetivo en foco y tener nervios de acero.

Pero cualquier estrategia fue inútil. Llegó, se plantó frente a mí, con las dos manos en la cintura, una risa coqueta, una mirada intimidante y una pose atractiva. Su primera frase fue “¿Por qué no me hablaste mi flaquito?”

O sea, había pasado más de un mes desde que la conocí y me dio su teléfono, no la había vuelto a ver desde ese entonces, era uno más entre el mar de pelados que diariamente Alexandra conocía y debía de tratar, habían pasado ya varias noches de alcohol, desveladas, bailes excesivos, encuentros en zona de ticket table…y uno que otro privado. Y a pesar de todo ello me recordó.

viernes, 21 de marzo de 2008

NOCHE 09 - SOLAMENTE ERA GLAM DE IMITACIÓN.

De acuerdo, me habían quitado La Tentación.

No todo estaba perdido. Era momento de buscar nuevos horizontes, ricos en historias y pródigos en emociones, así como otros destinos accesibles para el bolsillo, resignándome un poco.

El resultado: un fracaso total.

CRAZY BODIES estaba bien aburrido.



TAHITI era súper mamón.



ANTRAX estaba bien mafufo.

Pero las cosas no podían estar tan mal. Yo estaba convencido de eso. Y vaya, hasta eso no estuve tan equivocado. Así que mi salvación, quizá, se encontraba en el “nuevo” local a lado de La Tentación.

La (pequeña) época de EL ESCÁNDALO había comenzado.

Cuál iba a ser mi sorpresa al llegar y enterarme que en realidad El Escándalo era una subsidiaria de La Tentación en plan “pirata”.

Me explico: El Escándalo, se había abierto de emergencia ante el cierre de La Tentación, pero bajo condiciones más que cuestionables. Es más, yo manejo la teoría de que el lugar ya existía en una versión súper secreta, sólo para gente exclusiva, invitados y amigos, porque era mucha casualidad que en tan pocos días, ya estuviera armada toda la infraestructura a la perfección. Por eso no era raro, que afuera del lugar, el cuál parecía que estaba cerrado, sólo hubiera dos pelados, los cuáles sin muchos aspavientos, te invitaban a entrar y si aceptabas te metían rápidamente por lo que era la salida de emergencia. También, si uno era atento podía notar que en la cuenta venía el nombre de un salón de salsa. Y así, surgían ese tipo de detallitos.

No sé. A pesar del aire de clandestinidad; El Escándalo me prendía mil veces más que La Tentación.

La Tentación a pesar de sus dos pistas, dos niveles y una extensa selección de mujeres; nunca dejó de ser un antro que sólo vendía “posh virtual” y uno recibía a cambio un trato impersonal y un ambiente mezquino.

En cambio El Escándalo, en sus escasos meses de vida, me latía por qué era más pequeño, más cómodo, más relajado, más hospitalario. Tenía una pequeña pista que se podía apreciar en su totalidad. El sonido no estaba tan saturado, su iluminación no consistía en neón de varios colores que da la sensación de estar en penumbras y luces estroboscópicas mareantes, sino luces tenues y agradables y uno no sentía esa inistencia de todos sus involucrados de presumir una exquisitez inexistente. Nada como la zona de ticket table para entender el por qué era imposible y hasta absurdo que a uno se le intentará restregar dicha exclusividad: al igual que con su antecesor, la privacidad era sólo una falacia; un grupo de hombres y mujeres en tránsito continuo, parejas pegadas unas con otras expuestas a la mirada de todo aquel que no estuviera dentro de la ficción. Uno, ya involucrado en la misma, debía de decirle adiós a las inhibiciones y volverse parte de un todo; humores, fluidos corporales y perversiones colectivas incluido, con la única diferencia de que si en el primero uno lo hacía sentado en una silla; ahora lo hacía recostado en unos sillones (“¡Ahhhh! ¿Ya de plano? El tipo que se encuentra a mi lado izquierdo, estaba acompañado por sólo una chica y ahora a la mitad de la canción se les ha unido una segunda muchacha, aunque ambas se notan más bien tímidas. Será porque el amigo japonés de éste cliente, sacó un gran fajo de billetes y prácticamente obligó a la segunda a participar en el juego. / ¡Por Dios, es la novena vez en menos de media hora, que veo a la voluptuosa chica extranjera que está hasta el extremo derecho del sillón, llegar con un nuevo cliente! ¿No se cansa? ¿No estará fastidiada? A mí en lo particular ya me dio asco. / ¡Uy, la chica con la que estoy acompañado, ya se dio cuenta de lo distraído que ando; y cómo desea que mi atención regrese a ella, se ha subido al sillón y ha puesto su vagina a la altura de mi rostro!).

También tenía una ventaja: la plantilla estaba conformada prácticamente por las mismas chicas. Así que ahí, tarde o temprano, me iba a topar con Alexandra.

NOCHE 08 - RÉQUIEM PARA EL SENTIDO LÚDICO.

Habían pasado un par de semanas desde que conocí a Alexandra y seguía dudando en hablarle o no por teléfono.

(¿Le hablo? ¿Se acordará de mí? ¿Y si le propongo entrevistarla? Digo, un personaje cómo ella es digna de ser filmado. ¿Me habrá dado su telefóno verdadero?)

Nunca me atreví a hablarle, ni para bien ni para mal.

Diría que hasta aquí, es la primera parte de la historia.

Justamente aquí es dónde cabe un paréntesis que está relacionado directamente con el temporal cierre de La Tentación, un infructuoso recorrido conociendo otros lugares y la posterior apertura de un nuevo antro que revolucionaría todo.

Resulta que la Delegada de Miguel Hidalgo, Gabriela Cuevas, vino a bien, empezar una cruzada contra bares de mala muerte, tugurios rascuaches, establecimientos pecaminosos y locales de dudosa reputación. Y La Tentación estaba en la mira.

Al parecer, La Tentación reprobaba en protección civil y sopetecientas normas de seguridad más. Y claro, de paso se hallaron mujeres ilegales y/o menores de edad laborando.

El pedo es que La Tentación estaba cerrado indefinidamente.

La noticia resultó un putazo en la cara.

¿Adiós a las cubetas con seis cervezas a precios módicos?

¿Adiós a los ticket table al 2X1?

¿Adiós a los sábados de promociones y regalos?

¿Adiós a los jueves de “colegialas”?

¿Adiós a los valet parking cábulas?

¿Adiós a las boleteras buen pedo?

Y sobre todo... ¿adiós a Alexandra?

Por lo pronto, parecía que sí.